martes 1 de diciembre de 2009

Quédese

Guárdame para la muchedumbre
-en la noche de los abrazos suicidas-
como lámina de acero. Si mi frío sentís,
tendré para vos un inmenso paraíso
con niños y ojeras, destierros de un alma
que estornuda la primera palabra
después un coito. He ahí tu sonrisa de gacela
y esa venganza de poseer sin pretérito,
anhelando con la fiebre del hombre-luna
unos brazos entumecidos por la sal.
Si acaso te pidiera, si caso te hiciera,
si acaso de dijera, habríamos de necesitar
un corral de epitafios en mitad del mar
y un sinfín de pequeñeces con zapatos nuevos,
y un burro con tres orejas,
y un espejo en la mesita,
y un tralalí y un tralalá,
y un mío, mío, mío.
Quisiera yo saber por dónde caben
estos dedos para no perder, ansí,
la voluntad del amor que no espesa
y la constancia irreverente de llamarlo
como a un imbécil: ángel mío,
moribundo de mis entrañas,
despropósito de mis vanguardias.
Quédese.
Que de ese me encargo yo.

miércoles 26 de agosto de 2009

Escara-abajos

Sola la luz no muere. Por eso voy
cogiéndome los meteoritos de entre
tanto palabrerío para creer que la muerte
es otro estado transitorio de amor.
Tengo miedo de no ser el que, hambriento,
se mida los fracasos con la mitad de frío
y quede mi fotografía invisible o poco
disponible para un análisis en sociedad.
Con las guitarras en penitencia,
otra soleá se arranca por desprecio
y mi voz se amarillea en estado ebrio
cuando todas las piernas han dejado
de temblar. Me miro -que no me sé-
con tus labios a un palmo de mi hombría
y dejo para tu gusto el último miembro
de esta estúpida cadena de escara-abajos.

lunes 10 de agosto de 2009

Básteme

Básteme con un pulgar para decirnos
los secretos que no nos pertenecen,
quedarían, entonces, las arañas para
tomar el café de las seis debajo de tu
cuerpo de fiebre. Iluminado como sombra
en vigilia, habríamos de tener también
una consagración de nuestras hostias
por encima de la mera posibilidad
de adorarnos las mejillas. Yo no tendría
el punto exacto del melodrama
ni sería tan raticida con tus ojos.
Quevedo no es una forma de preguntarte
qué ves con un exquisito gusto
a lo bohème. Podríamos decir
que tampoco soy yo la valencia cero
de esta tabla de indecisiones.

jueves 6 de agosto de 2009

Marineros de espuma por las ojeras

Si bailaran las limas en el limo
serían los llantos de los muertos
también de otra vida. Y nosotros viajaríamos
con el equipaje en las pestañas
deshaciéndonos en aguamar salada.
Desde que no estás, las tardes desvaídas
se han dejado las chalinas en otra parte
y los ojos ya no miran por la puerta
trasera. Se han partido las venas en mi boca
para no hablar de tu distancia
-marineros de espuma por las ojeras-.
¿Qué soy que no tengo el hambre
ni la sed ni la espera ni la sombra?
Si los brazos aún me quedaran o una simple
perra con la que saciarme a ladrar,
haría con tu nombre las uvas de mis
pensamientos y no serían tan chicos
los días que me quedan por destruir.

lunes 3 de agosto de 2009

v i c m a r r u i (d e n a n o)

Cuántas veces me pediste unos versos
y yo no supe darte más que los antiguos
-restos de princesas suicidas
que se acostumbraron a bagatelas-
partos quejorosos de más antigüedad.
Pero cada palabra tiene su espacio
y en los tuyos no caben sino mis vísceras
rompiendo octosílabos en busca
del verso simple en donde tú me dejas.
Sin nada yo porque tú consientes
que mis nanas y mis dedos se mueran
en la mente de quien te ama.
("Mi táctica es amarte como sos...")
Aunque sé que no necesitas
declaraciones
-porque nos tiemblan los huesos
sin sabernos oídos-
no quiero que nada mío quede por darte,
ni quiero, que cuando también
me necesites, otros poemas tengas
que leerte. (Este ya es tuyo).

martes 28 de julio de 2009

Breve

Cuando la cama está vacía yo me abro
de venas adentro para criar raíces.
En las noches se han deshidratado
los silencios porque la máscara de tus
p a l a b r a s
ya no mide mis mentiras
y conecto las cicatrices a tus labios
para no sentirme renovado.

jueves 16 de julio de 2009

Abominación

Debajo del sombrero llevo los peines
del viento. Rotas ya las venas del dolor.
Nones -que no noes- fraccionan el movimiento
de mis dedos en un frágil péndulo de risa:
ellos no saben de nuestra existencia.
¿Quién levantó los besos de la discordia
en aquel verano de pantalones blancos?
¿Quién partía el calor en los muslos
cuando ya todos nos agredían a celos?
Este perderme las abominaciones
de no ser tuyo, este autismo de roces,
me ha coronado de abejas la mañana
y no puedo derretirme en más calor
porque me faltan embestidas.
Sucios como asnos sin murmuraciones
y pegajosos de esta dominación única
que me lleva a los horrores del placer.