viernes, 6 de mayo de 2016

Entramado

La aguja hundía sus tentáculos
bajo el nido de ranas que aguardan
turno de croa.
Al otro lado de la raya amarilla,
se besan reflexivas ramas
aguardando el calor de una mentira
que ventea el ojo donde va a pudrirse
sin el viento que azule los huesos
de esta mala suerte que es vagar.
A cambio de tanta estructura,
te agarras a mi sangre
-regaliz de luna-
y desvías al lirio de una luz pobre
que sobrevive palmo a palmo
henchida de calentura.
No sabes qué venganza,
qué clavel,
qué salpicadura
te espera más allá de mi carne.
Yo que siempre fui como la soga
que, aunque débil, sollama
la piel y la aborrece al instante.
Amar como un pretexto de bosquejo
es ir abriendo la cal de la distancia
para que a veces o entonces
digas que ya no me necesitas.

viernes, 29 de abril de 2016

El rastro de la espiga

Es una tarde de palomos atolondrados
que defecan sin ser vistos sobre galangas
malheridas a la luz del sur.
Entre tu mano y mis ojos
la distancia se arrastra caliente
hasta encontrar el invierno
en el que guardas la sed y te la tragas.
Este estado cíclico –me digo- debe
ser el cáliz que venza la costumbre
a la que aterimos la vaguedad,
la simpleza y el destierro de amarnos
como niños que descubren el sexo
a escondidas de sí mismos,
abaratando el placer y la tortura
con que sueñan en años de fracasos.
Sobre la red de la naranja
reposa el pico de una abubilla
lenta y avellanada como tu desengaño,
ése que agrupa las sienes y las cabalga
borrando el rastro de la espiga.
Pero entonces, desprovisto de ti,
¿quién vendrá a tasarme las heridas?
¿Quién dirá a mis enemigos cuántas
hormigas caben en el ojo de mi pecho?
¿Qué querubes no desearán mis labios?
Todo huele a olvido:
derramada sangre,
cofrecito de pluma,
ventalle hueco,
hueso y escombro.
Por la alcantarilla de mi garganta
el polvo hiere a la primavera.

jueves, 17 de marzo de 2016

Unknown

Dame otra oportunidad.
¿No crees que será mejor desnudar
las yemas de estos dedos que te buscan?
¿No piensas que entre tus labios
y tu hueco hay un arrecife de peces
que se agolpan, se ahogan, se ahorcan?
Esta quietud de arañas vagas
llora en la espera
buscando al poeta que ha muerto
dejando a su paso la espada seca
-púrpura para los vértices del dolor-.
Regreso a ti con un pliego de óbices
bajo el lunar izquierdo de mi cara
y asiento,
vagamente,
y asumo.
Como un alga reverdezco
asido a la espuma de tus ojos
ignorando la cal y el billete intermitente
que me desvela y te aleja.
Tu marinero sin sombra,
occiso de tinieblas,
sube al mar y se lo traga.
Toda esta noche es un presagio
de los miedos que desamamos.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Orgía

Me iba porque la inaguantable sirena
desamaba pronto el ojo viudo
de mi cuerpo. Acaso pueden las olas inclinarse
ofreciendo detalles macabros de sus peces,
la luz neutra que repelen los pinceles,
el hueco que desprecian los humanos.
Sin querer hemos partido hacia el verano
inerte que reflejan tus lágrimas
y pienso -ciegamente- que adorar adioses
no tiene ya el presagio de algún amor obsceno
que contempla lo hermoso y lo cuestiona.
Vuelves inerme a este lupanar
dispersando el espacio y la apariencia
para que al menos, entre imagen y memoria,
puedas desnudar el ancho de la noche.

jueves, 15 de agosto de 2013

Fuga menor

La pasarela de la vida es una foto
reciente que invita al pasado
-decrépito y enfermizo-
para recordarte las noches en vela
descosiendo sin parar amor y sexo
como en una tangente nebulosa
a la que no llega la prensa neoyorquina.
El olor del café,
el de los casetes gangosos,
el del atardecer azul,
deja el reguero exacto de aquellos
a quienes quisimos parecernos
(el arcoíris tiene forma de cereza)
y a quienes, finalmente, nos parecimos.
Todo lo que sé
ha cambiado de sitio.

lunes, 12 de agosto de 2013

Hueco del mar

Vendrás a olerme los ojos
como cuando a los triángulos de luz
le quitas las espinas y ya no hay vértices
sobre los que apoyar tu deseo.
Dirás que mi única resistencia
es insatisfactoria como también lo es
la blandura que desprenden tus labios
o el efímero cartón que llueves
con lágrimas de entonces.
Yo abriré el mar
para encerrarme dentro.
Habrá unos brazos alambrando
la mentira para que a todas las horas,
solo y embebido por la noche,
vuelvas con otras manos
a vaciar la cisterna
que agarraste a mi cintura.

lunes, 29 de julio de 2013

Esquivar

Preguntaron por tus labios
cuando aún la tarde no había manchado
de sangre las hamacas del desierto.
Hubo el mismo silencio que se siente
cuando el espacio inclina sus relojes;
(no es ya tan grande la distancia
ni el ojo del mar engulle sus salinas)
es miedo sin más.
Lo curvo del deseo abrasaba
a disparos el último sigilo
y los grillos esperaban tendidos al sol
conmemorando otro entierro
de palabras
para que, al fin, las preguntas
cayeran como trompos al anochecer.