viernes, 2 de diciembre de 2016

Destripe de nosotros

Pongo la voz entre lirio y chamizo
aguardando la ternura que la condición
no impone y las manos no alimentan.
Este destripe de nosotros en la distancia
galopa como una mancha de ceniza
que ha sumido su química en la piel
y no hay ya saliva que la emborrone
ni extremidad que la oculte.
Aterido al infierno que deja el silencio
describo la culpa que me subordina
a todo lo que yo no puedo ser,
a mi nombre bajo el limo,
a la migaja decrépita de mi pupila,
a esta virtud de predecir el deseo…
Desobedezco las leyes del hierro
y me endurezco y me golpeo tácito
ante la roja llama que hierve en tus ojos.
¿Para qué vamos a esperar el desorden
si la oliva de tu iris ha exprimido la luz?
Quizá pongo todo el empeño en amar
lo que describo y en la culpa infinitiva
que nunca conjuga más que la mitad.