
Ya ni nos esforzamos por sobreactuar,
por lanzarnos al suelo,
por brincar con un hielo en los ojos,
por decirnos en qué caricatura
me ves más intenso, más mío.
Es cierto que todo te pasa
por no venirte a tiempo,
por acabar con el infinitivo entre los dientes,
por regalarme dinero en vez de flores.
¡Qué lástima!
No podemos ni enjaular el criterio
que nos hunde en la miseria
porque te empeñas en vaciarte la boca
antes de la merienda. Y tú sabes
que es una lástima.
Si fueras un poco... Si yo fuera...
Si tuviéramos una sonrisa telúrica...