martes, 2 de marzo de 2010

Dialectalismos de la muerte

Es cierto. Estoy muerto.
(Silencio, silicio, silencio).
La banderita del taxi ya se ha bajado
y tengo las ojeras más cerca de ti.
A veces un nudo basta para no ser
el bramido de la luz y entre nosotros
la vainilla se lame a pistoletazos.
Siembro los "guellos" de mal
para que tú y mis yoes múltiples
veamos que no han chistado los
huesos.
Que se quedan a vivir mis miedos
y tus pocas decisiones de privarme.
Mientras haya silencio también
habrás de quitarme la vida, mudo
si acaso de violentas embestidas.
Tendrá la muerte mi rojo vestido.
Y el epidídimo sangrante de amar
con el íntegro de mis órganos.

6 comentarios:

Pilar dijo...

Temerca ha visto demasiadas cosas, tantas que no sabe por donde empezar a contarlas. Imagínate las ojeras que tiene, él no puede cerrar nunca los ojos, ni siquiera tiene párpados..
Besitos!

Álvaro Beltrán dijo...

Quisiera saber qué pasaría si pudiera cerrarlos por un segundo, Pilar.

victor dijo...

Magnífico!

Uvecito también ha entendido tantas otras cosas como Temerca, solo que yo no he tenido en cuenta el título.

Puedo decir que mejoro progresivamente. Tú, siempre.

juan bello dijo...

los miedos siempre, como una cruz.

Mónica dijo...

Interesante poema,
Un saludo

Ser paciente tiene su precio... dijo...

Y el no puedo, quien quiera que siga, que las lanzas no sirven y que los huesos me aguanten.

Que tu muerte sea mi vida, que mi vida tu muerte, que tu grito mi silencio, que mi callar tu lamento.

Sal de ahí, cáliz de amor.
Sal de mí, paupérrima amante.

Tengo temblor en las piernas por las cienes cubiertas de mal y odio y sal y tedio y ten y sé lo que nunca tu jamás
podrás ser,
una trenza
de amapolas
blancas
mal dolientes.