martes, 9 de marzo de 2010

Simposio matutino

Abre tu pecho como una mazorca
de pieles rizadas y deja tu camisa al aire,
desabotonada por costumbre, sabiendo
que miran tus pulmones de cerca.
Si a veces te sacas un melón de la cabeza
-como un acróbata demente saltaré-
o unas uvas pasadas quieren comprarte,
deja a las pobres soñadoras con un hilo
de sangre; que no te priven de crucifijos
ni de peso. Préñalas con tus caracoles,
dales más ojales al descubierto para que
también la respiración les sepa a fruta.
Si se olvidaran de tu nombre, cuélgate
una parra y que luchen a manotazos
por conseguirte seco y podrido, vacío
de esposa e hijos, único en un antro
donde la humedad las tenga retenidas
de por vida. Enséñales los pleonasmos
como si de un misterio se tratase
y bájalas hasta el sótano para nunca
dejarlas con la cal en los huesos. Cura
las manchas de sus arrugas con el otro
entero envés de tus nalgas en un
melancólico batir de manos al aire.

2 comentarios:

víctor dijo...

Dentro de lo irracional siempre hay algo racional.

Disfruté escuchándote más que Anita con sus cuentos.


Te quiero.

Lara dijo...

este poema es un manual para un día en la vida que sirva para todos (los días)

un beso